EL SECRETO DEL TÚNEL: LA VERDAD SOBRE LAS TRILLIZAS DESAPARECIDAS

En el año 2000, tres niñas trillizas desaparecieron sin dejar rastro del Hospital Nuestra Señora del Mar, en Barcelona. El caso — Aitana, Lúcia y Sofía García-Salom — se convirtió en una herida abierta para la policía local. Desaparecieron en las primeras 24 horas de vida. Sin rastros. Sin testigos. Sin respuestas.
Durante años, se abrieron y cerraron investigaciones, se interrogaron sospechosos y surgieron teorías… que no llevaron a ningún lado. En 2008, el caso fue archivado oficialmente. Y parecía que ahí terminaría — hasta que la verdad reapareció veinticinco años después.
I — LA CONFESIÓN
La enfermera jubilada María de los Ángeles Ríos, quien había trabajado cuarenta años en el hospital, fue ingresada con un cáncer pulmonar terminal. Pasaba sus últimos días sola, excepto por las visitas ocasionales de la inspectora Elena Santamaría, especialista en casos sin resolver.
Un martes silencioso, María pidió verla con urgencia.
Cuando Elena entró, la enfermera estaba pálida, respirando con dificultad.
— Cierra la puerta… por favor — murmuró.
Elena obedeció, notando una caja de lata abollada junto a la cama.
— Llevo un pecado encima desde hace veinticinco años, inspectora — dijo María. — Es sobre las trillizas.
El corazón de Elena se aceleró. Era la primera pista real en décadas.
— ¿Sabe que esto puede registrarse como declaración? — preguntó.
María asintió con debilidad.
— Aquella mañana estaba de turno en neonatología. A eso de las seis, vi a dos hombres con batas… pero no eran del hospital. Las identificaciones eran falsas. Dijeron que las bebés necesitaban pruebas urgentes por complicaciones respiratorias. Yo… les creí. Preparé las incubadoras.
Un escalofrío recorrió a Elena. No había ningún registro oficial de un traslado.
— Cuando intenté avisar al jefe de la unidad, me detuvieron. No fueron violentos… pero dejaron claro que debía callar. “Es por un bien mayor”, dijeron. Y se llevaron a las trillizas por un pasillo que yo nunca había visto.
Con manos temblorosas, María abrió la caja.
Dentro había tres pulseritas de recién nacidas — intactas — y una fotografía antigua de un corredor subterráneo del hospital.
— Lo guardé porque sabía que un día tendría que pagar por mi silencio. No sé quiénes eran esos hombres… pero sé que alguien del hospital estaba involucrado. Alguien con poder. Alguien que aún está vivo.
Elena examinó la foto. El pasillo parecía parte del sótano oficialmente sellado en 1998.
— ¿Por qué no habló antes? — preguntó la inspectora.
María respiró con dificultad.
— Por miedo. Y porque ese túnel… nunca fue sellado de verdad. Alguien sigue entrando y saliendo por él.
II — LA BÚSQUEDA DEL TÚNEL
María murió esa misma noche — pero no sin antes decir sus últimas palabras:
— Busca ahí abajo… antes de que sea demasiado tarde.
Decidida, Elena obtuvo los planos antiguos del hospital. Confirmaban que existía un sistema de túneles construidos durante la Guerra Civil Española, usados para trasladar pacientes y luego para almacenamiento. Oficialmente, estaban cerrados desde hacía más de veinte años.
Pero la fotografía contaba otra historia.
Antes del amanecer, con una linterna y dos agentes, Elena encontró la entrada camuflada detrás de un ala abandonada. El aire era pesado, casi muerto. La bajada era estrecha y agrietada.
En el fondo, hallaron huellas recientes, envoltorios de medicamentos y una puerta metálica sin identificación.
Cuando la forzaron, encontraron…
III — LA REVELACIÓN
Dos dormitorios improvisados. Ropa femenina. Identificaciones falsas. Fotografías de tres niñas en diferentes edades — de los diez a los veinte años.
Y sobre la mesa, un dossier con el símbolo de la antigua Fundación San Aurelio, investigada en los años 90 por tráfico de bebés.
Las trillizas no habían sido sacadas del hospital aquel día.
Habían sido criadas allí, escondidas, durante años.
¿Para qué?
Los informes revelaban:
- experimentos a largo plazo sobre desarrollo cognitivo
- monitoreo conductual
- historiales médicos completos
Un proyecto ilegal interrumpido tras la muerte de uno de los financiadores — y el riesgo creciente de exposición.
La última anotación, de 2018, decía:
“Las niñas ahora viven separadas. Identidades plenamente operativas.”
Un escalofrío recorrió a Elena.
Las trillizas estaban vivas.
En algún lugar del mundo.
IV — EPÍLOGO
El caso García-Salom fue reabierto. El hospital cayó en un escándalo absoluto. Varios ex empleados fueron llamados a declarar. La Fundación San Aurelio se convirtió en blanco de una investigación internacional.
En cuanto a las trillizas…
Aún no han sido encontradas.
Pero por primera vez en veinticinco años, existen pistas — y un camino por seguir.
Todo porque una enfermera, al borde de la muerte, finalmente decidió contar la verdad.



