Mensaje de una esposa a la amante de su esposo.

Hola, Marina. Soy la esposa de Fernando. No quiero pelear, solo quiero hablar.
Vi tus conversaciones con él y debo confesar que me asustó lo mucho que se parecen a las cosas que me dice a mí. Honestamente… ¡mentir es un arte que él domina a la perfección!
Tú siempre supiste que está casado, que tiene dos hijos y, por lo que veo, nunca le importó. Así que, Marina, déjame contarte un poco de nuestra historia: antes de que yo tuviera éxito económico, vivíamos en una casa diminuta, apretados, pero llenos de sueños. Yo los hice realidad.
Vi que te compró algunos regalos y que te lleva a lugares caros. ¡Qué buena vida, verdad! Tal vez se le olvidaron de mencionar algunas cosas… como el coche. ¿El coche? Es mío. Y el resto de “beneficios” que te da… todo a mi costa.
Te aseguro una cosa: a mi costa, él ya no disfruta de nada. Sé que quizá te deslumbraste, pero tranquila: ahora es todo tuyo… solo que sin coche, sin viajes, sin regalos y sin dinero. Te lo estoy enviando “listo”, solo colócalo en un rincón de tu casa. Espero que aún te sirva y que logres hacer de él una mejor persona.
Cada vez que veas a un hombre casado y admires lo que tiene —su trabajo, su estilo de vida, sus cosas— recuerda: si no nació con oro, fue la esposa quien trabajó duro por eso. Muchas veces ella deja de comprar cosas para sí misma, ahorra y se esfuerza para ayudarlo a salir adelante.
Moral de la historia: el esposo de otra mujer no es una bendición, es una maldición. No es un sueño hecho realidad, es una pesadilla. No es amor verdadero.
La respuesta de la amante
Marina respondió pocas horas después. Su mensaje fue breve, pero lleno de arrepentimiento:
“No sabía todo esto. Pensé que él era solo mío. Ahora entiendo… fui usada y engañada. No quiero formar parte de esto. Me siento muy mal por todo.”
El desenlace
Después de esa conversación, Fernando se quedó sin excusas. Intentó disculpas y justificaciones, pero nadie le creyó.
Mi familia y yo seguimos con nuestra vida, cuidando nuestra relación y a nuestros hijos, con la certeza de que la verdad siempre sale a la luz.
Marina aprendió por las malas que un hombre casado no es un regalo, es una trampa. ¿Y Fernando? Perdió confianza, credibilidad y privilegios.
La lección es clara: quien ama de verdad lucha por su familia, no por lo que puede arrebatarle a otra persona.



